Una de las grandes enfermedades de todos los tiempos es la infidelidad. El contacto sexual con una persona diferente a la pareja tiene muchas consecuencias, sobre todo cuando se trata de una infidelidad emocional.

La infidelidad emocional aparece cuando uno de los miembros de la pareja da un paso más allá en sus encuentros sexuales externos y surgen sentimientos hacía esa tercera persona. El sujeto pasa sin darse cuenta de la infidelidad sexual a la infidelidad emocional.

Inevitablemente, la infidelidad sexual repetitiva y con la misma persona, abre la puerta hacía la infidelidad emocional. En cada encuentro se conoce más a la otra persona y al tener un secreto tan grande en común se crea un confianza extraña y placentera que consigue sacar a la luz los secretos y las confesiones mejor guardadas. Sin buscarlo y sin siquiera pensarlo, la tercera persona se convierte en la favorita, la que mejor entiende, la que ofrece bienestar y libertad y a la que no hace falta mentir. Todo esto hace que surjan emociones y sentimientos nuevos y que el sujeto pase de un simple infiel a un infiel emocional.

Hay casos en los que ni siquiera hace falta el contacto sexual para que se pueda considerar como infidelidad emocional. Hoy en día, gracias a las redes sociales es muy fácil entablar amistad con cualquier persona, de cualquier parte del mundo. Ni siquiera hace falta hablar el mismo idioma porque los traductores online ya lo hacen por nosotros. Invertir tiempo y energía en conocer virtualmente a una persona hace que sea muy fácil pasar de una simple amistad a una infidelidad emocional. Existen las infidelidades emocionales por WhatsApp, por Facebook, por Instagram y creo que ni siquiera hace falta mencionar la cantidad de páginas de citas que han sido creadas específicamente para este fin. Estar todo el día pegado al móvil, chatear con otra persona que no es la pareja e ilusionarse con su existencia, son los primeros síntomas de un infiel emocional.

¿Por qué una persona puede llegar a sentir la necesidad de engañar?

A veces simplemente surge. Las ganas, el entorno y el estado de ánimo se unen y trabajan juntos dando resultado a una infidelidad sexual.

En otras ocasiones los culpables son las ganas de venganza, el deseo de sentirse por encima del otro o tener el sentimiento de la inseguridad demasiado presente.

Los más rebeldes son infieles porque consideran que su pareja no cumple con sus requisitos sexuales, o puede que les guste tener a alguien siempre a mano o simplemente se sienten aburridos. El sentimiento de aburrimiento suele ser la excusa más empleada para justificar una infidelidad.

También hay infieles por culpa de traumas infantiles. Los hijos suelen hacer lo que ven hacer a sus padres. Aunque saben distinguir entre el bien y el mal y no quieren repetir los mismos errores de sus progenitores, con el paso de los años casi siempre lo hacen.

La infidelidad sexual produce momentos de felicidad cortos pero intensos, que pueden producir adicción y que en más de la mitad de los casos destruye la pareja. Los demás consideran que ha sido algo puntual, fruto de una locura pasajera y que vale la pena perdonar y dar una segunda oportunidad. Para los del primer caso, este tipo de infidelidad es más fácil de superar porque no hay sentimientos entre los amantes. El engañado encuentra mucho antes la ventana que necesita para respirar aire fresco y seguir adelante. En cambio, la infidelidad emocional es mucho más difícil de digerir. Saber que tu pareja te ha engañado sistemáticamente con otra persona y que hay sentimientos de por medio hace que el engañado se hunda en un mar de dudas y/o de sentimientos de culpabilidad.

Detectar a una persona infiel emocionalmente es muy fácil, los patrones de conducta suelen ser los mismos. Empiezan a mostrar menos interés por la pareja, la comunicación es inexistente al igual que los encuentros sexuales y empiezan a expresar su necesidad de tener una parcelita de vida privada. Si tu pareja deja de hacer cosas que antes sí hacía, si pasáis mucho tiempo alejados o, por lo contrario, pasáis tiempo juntos, pero siempre discutiendo, ya tienes delante a una persona que se puede considerar un infiel emocional.

Otra de las señales de infidelidad emocional es que a tu pareja ya no le importa lo que pasa en tu vida y tampoco te cuenta lo que pasa en la suya. Al mismo tiempo empieza a mostrar más interés por su aspecto físico, notas pequeños cambios en su vocabulario, sus gustos también cambian y ya no te hace cumplidos.

Por otro lado, hay algunos mitos sobre la infidelidad que no tienen nada de base y que pueden servir de cortina de humo. Por ejemplo, existe el mito de que la mayoría de los infieles prefieren a alguien más joven. Esto es más falso que un billete de 3€, pero puede servir para inducir error en los pensamientos de la persona engañada. Si el infiel habla mucho de una becaria joven de su trabajo, su pareja puede llegar a creer que es la amante, cuando en realidad la amante puede ser alguien que no tiene nada que ver con su entorno laboral o incluso podría ser alguien del sexo opuesto.

Otros mitos dicen que el que tuvo un desliz, tendrá otro con seguridad, o que la infidelidad aparece cuando la pareja va mal.

Todos estos mitos son como una bola de nieve, que cuantas más vueltas le das más grandes se hace y al final se produce el desastre. Por culpa de estos mitos, hay parejas que se separan sin haber ningún tipo de infidelidad de por medio, a otros les parece divertido poner “el dicho” a prueba y otros simplemente se quedan con el miedo en el cuerpo de tanto escucharlos y ante cualquier pequeña duda explotan.

A veces, el infiel emocional ni siquiera sabe que lo es. El camino hacia la infidelidad emocional está lleno de excusas que el infiel llega a creérselas. “Me compro ropa nueva porque la necesito, me quedo hasta tarde en el trabajo porque tengo que terminar el proyecto en el que estoy trabajando, sonrío más que antes porque estoy más feliz, no me parece justo que mi pareja se queje de que trabajo mucho, estoy mirando el móvil todo el rato por temas de trabajo”, etc. Todas son excusas para encubrir un comportamiento extraño que el infiel emocional aún no reconoce.

¿Se puede ser fiel y al mismo tiempo enamorado de otra persona?

Hay muchas personas que se consideran fieles porque solo mantienen relaciones sexuales con su pareja, pero no tienen en cuenta que su corazón palpita por otra persona, la misma que está presente en todas sus fantasías. Y de nuevo, gracias a internet, a esa persona la tienen a un click de distancia. El proceso para encontrarla es muy fácil: un “me gusta”, otro “me gusta”, un comentario, otro comentario, charlas periódicas que acaban en flirteo y ¡pummm!, ya tenemos a otro infiel emocionalmente.

¿Qué produce las infidelidades? ¿La falta de sentimientos, la falta de sexo? ¿Por qué existen? Según varios estudios, la monotonía es la causa número uno o mejor dicho la excusa número uno para cometer una infidelidad. Da igual si hablamos de infidelidad emocional o sexual, la monotonía parece ser el peor enemigo. Y en vez de diversificar dentro de la pareja, la emoción, la diversión y el morbo se buscan fuera de ella. A veces incluso dicen hacerlo a posta para aprender cosas nuevas que luego pondrán en práctica en casa para refrescar la relación.

Otro motivo para cometer una infidelidad es la insatisfacción sexual. El infiel busca fuera de casa lo que supuestamente no tiene dentro. A veces, estas insatisfacciones surgen por culpa de amistades y familiares como consecuencia de charlas sobre la vida en pareja. Este tipo de conversaciones siempre empiezan con temas tan inocentes como las emociones y sentimientos por la pareja y acaban en preguntas y confesiones sobre la vida sexual. Ahí surgen curiosidades, descontentos porque “mi pareja no hace eso”, y lo típico de “quiero probar, pero no sé cómo planteárselo a mi pareja”. En estos casos, evitar una infidelidad es tan simple como recurrir al pilar fundamental que sostiene la pareja, la sinceridad.

Al no hablar del asunto, la insatisfacción sexual se queda ahí, latente y puede llevar a la infidelidad emocional porque la pasión y el morbo que encuentran en la otra persona hará que surja esa conexión especial perdida con la pareja.

Otros motivos más sorprendentes para la infidelidad son el miedo a envejecer, buscar a su “yo” interior o simplemente querer volver a sentir mariposas en el estómago.

Algunos de los sentimientos que empuja a una persona a ser infiel son el miedo a la soledad, el temor a quedarse sin recursos económicos, el pánico de que la separación podría afectar a su imagen o el rechazo por parte de familiares y amigos.

A veces, la sociedad es la que empuja a la infidelidad. El qué dirán, lo de “mis amigos también lo hacen y no pasa nada”, el típico “no puedo separarme, pero tengo el derecho a la felicidad”, el dinero, el estatus, la religión, etc., todas estas cosas crean una gran incertidumbre y aumentan las ganas de probar lo prohibido. La infidelidad emocional la tenemos más a mano que la sexual, mucho más fácil de mantener a largo plazo sin sentir mucha culpabilidad y se convierte peligrosamente en un refugio para el infiel y en una tortura para el engañado. Aunque el infiel puede llegar a creer que su pareja no nota nada, eso es totalmente incierto. Siempre lo notan, pero la mayoría de las veces no lo dicen. La falta de comunicación vuelve a brillar por su ausencia y gracias a ello hay sitio de sobra para sentimientos y dudas dolorosas.

¿Qué puede hacer el engañado ante una situación así? ¿Cómo abordar el tema y lo más importante, cómo seguir adelante?

Al descubrir una infidelidad las ganas de venganza superan cualquier limite imaginable y algunos, a veces, están tan cegados por la ira que incluso llegan a llevarlas a cabo. Aun así, sus venganzas no sirven de nada porque los sentimientos de culpa, rabia, impotencia e insatisfacción general les impide hallar la tranquilidad y la felicidad que necesitan para seguir adelante. No consiguen la paz y la tranquilidad y no consiguen superar el dolor y seguir con su vida. La venganza no es la respuesta y sobre todo, un clavo no saca otro clavo. Los sentimientos no se borran de un día a otro y tampoco se puede olvidar a una persona con la que has compartido tu vida en un abrir y cerrar de ojos. El dolor y la decepción con el ser humano nos hace querer ver a la otra persona fuera de nuestra vida y hundida en la miseria. Pensamos que solo así se nos ha hecho justicia y la vida puede seguir su curso como si nada.

Para poder superar una infidelidad y seguir con la cabeza bien alta, lo primero que hay que hacer es suprimir un poco ese sentimiento de monógamo empedernido y olvidarse de la venganza. La venganza no es el camino hacia la felicidad, pero sí hacia la destrucción. Centrar toda la atención en hundir al otro, aparte de ser una pérdida de tiempo, es la manera perfecta para llenarse de sentimientos negativos, de transformarse en otra persona y de perder todo lo bueno que hay alrededor.

El siguiente paso es valorar la situación. No todos los casos son iguales y una infidelidad no tiene por qué ser el fin de la relación. Si se trata de una infidelidad puntual, consecuencia de un momento de locura, hablarlo en pareja puede ayudar y solucionar el problema. En cambio, si el infiel lo es por naturaleza, le gusta conquistar, sentirse deseado y está en una búsqueda constante de algo nuevo, lamentablemente la persona que se tiene delante es incompatible con la vida en pareja.

Olvidar una traición así es casi imposible, pero es muy importante perdonar. Perdonar no es olvidar y tampoco es esconder los sentimientos que uno tiene. Hay que hablar del tema, exteriorizar los sentimientos y lo más importante, no perder la relación con uno mismo. Nunca se debe olvidar el verdadero valor que se tiene dentro, nunca echarse la culpa por lo sucedido, hay que eliminar por completo todos los pensamientos que pueden minar la moral y no dejarse caer en una depresión. La vida no se acaba con una infidelidad, hay que afrontar la situación, resolverla de la mejor manera posible y seguir hacia delante. Y el secreto para seguir adelante sin cargar con ningún lastre y ninguna culpa, es el perdón. El perdón sirve para sanar tanto el alma del engañado como la del infiel. Muchas veces no queremos pensar en el otro, pero está comprobado que la mayoría de las veces y por el gran sentimiento de culpabilidad, el infiel pasa por depresiones agudas e incluso pensamientos de suicidio. Y ahora dirás, ¿Y a mí que me importa? Para hallar la paz interior se debe tomar la decisión de perdonar y de enfrentarse a los sentimientos que se experimentan. Perdonar lleva su tiempo, no es algo que se pueda hacer de un día para otro e independientemente de si la relación sigue o no adelante, hay que aceptar los intentos de la persona que fue infiel para ser perdonada.

Para perdonar se necesita paciencia. Paciencia con el infiel, paciencia con el entorno y paciencia con uno mismo para aceptar todos los sentimientos que agolpan con fuerza. En el momento en el que se deja de hacer preguntas, o al preguntar ya no importa las respuestas, el perdón ya está ahí. Ya se ha encontrado la forma de vivir con lo que ha pasado y la esperanza de que aparezca alguien que pueda borrar los acontecimientos dolorosos del pasado ya no tiene sentido.

El perdón siempre llega, pero para que llegue cuanto antes, ayudaría mucho la colaboración del infiel. Que sea sincero, que no oculte sus sentimientos y que tenga valor para afrontar las consecuencias de sus actos ayudaría mucho y agilizaría la sanación. Para que él pueda hacerlo, necesita que se le muestre calma, confianza, necesita saber que va a ser escuchado sin que se le eche en cara su adulterio cada 2 minutos y que la persona que tiene delante va a intentar ponerse en su lugar para entender mejor los motivos que le han empujado a cometer la infidelidad. Es muy necesario hacer todo esto para avanzar hacia el estado de perdón. Es muy difícil, pero a la vez muy importante.

Después de una infidelidad y más aún si es una infidelidad emocional, tanto el infiel como el engañado aprenden cosas útiles para su futuro. Una de ellas es la importancia de la comunicación. Si lo piensas bien, es la verdadera llave del éxito. Todos cambiamos y evolucionamos y cuando estamos en una relación es muy importante incluir e implicar a nuestra pareja en el proceso. Los gustos cambian, las ideas cambian, todo cambia y se transforma, y mientras nuestra pareja no sea Rappel, no tiene manera de saber los cambios que ocurren en nuestra vida a menos que se lo contamos. Muchas veces nos escondemos de la pareja para evitar su reacción o porque sabemos que no le va a gustar lo que le tenemos que decir. ¡Error! En pareja hay que hablarlo todo, debatir, escuchar y encontrar un término medio. Ocultar lo que uno piensa para evitar una bronca es el camino hacia una gran tormenta. Hay que hablarlo todo y si a la otra parte no le gusta, que no le guste. Y si se enfada, ya se le pasará, pero hay que hablarlo. Es la única manera de evitar males mayores y con el tiempo los dos aprenderéis a tocar cualquier tema sin gritos, ni enfados. Solamente hablar, escuchar y viceversa.

Otra cosa que se aprende después de una infidelidad es no juzgar sin conocimiento de causa y sin saber las dos versiones. Antes de que llegue la infidelidad a la vida de uno, al enterarnos de semejante traición juzgar a la ligera hace que, en vez de pensar fríamente para poder dar el mejor consejo, descargamos toda la ira contra el otro, y sin saber su versión de los hechos ya le hemos etiquetado como culpable. Lo mejor de aprender a no juzgar a la ligera es que la lección será aplicada en todos los aspectos de la vida.

Y la mejor lección de todas es aprender a ponerse en la piel del otro. Nunca se puede saber lo que piensa y sobre todo cómo piensa la persona que se tiene a lado hasta que nos ponemos en su lugar. Imaginarse como es tener una pareja como tú, que siente el otro cuando tú le cuidas, le besas, le echas la bronca, le dices cosas de su madre, etc, ayuda a tener idea de las emociones y sentimientos que el otro siente por dentro y el estado de ánimo que le provocas. Es lo mejor que se puede hacer para entender al otro, detectar problemas o carencias y hablar del tema para solucionarlos. Para llegar a conocer a alguien “mejor que la madre que lo parió” hay que ponerse en su lugar y ver las cosas desde su punto de vista.

Detrás de una infidelidad hay más que un encuentro sexual furtivo. Hay sentimientos, experiencias, miedos, aprendizaje y, sobre todo, mucha culpabilidad.

¿Compensa ser infiel? ¡Definitivamente, no!

¿Se puede perdonar una infidelidad? ¡Si!

¿Se puede volver a confiar en alguien que ha sido infiel? ¡Si!

Si os sorprende mi última respuesta o no estáis de acuerdo con ella, recordad ponerse en la piel del otro, evaluar la situación fríamente y trabajar más en hallar el perdón.

Y como lema,

¡El mayor enemigo de la infidelidad emocional es la comunicación!

La Cara Oculta De La Infidelidad Emocional