Cuando te des cuenta de que no eres la primera persona a la que ella llama cuando algo bueno o malo sucede, no te sorprendas. Tú le enseñaste que no estarás disponible cuando ella te necesitase. Tú le enseñaste a tener que contar con alguien más.

Que no te sorprenda el hecho de que ella pasa más tiempo con sus amigas que contigo. Tú le enseñaste que no ibas a estar nunca presente.  Tu no la escuchas cuando ella te habla. No recuerdas las cosas que ella te ha dicho. Tu no le preguntas como se siente, o que es lo que la está molestando. Tú le enseñaste que nunca te importaría ella tanto, como les importa a sus amigas

No te sorprendas cuando ella empiece a planificar cosas sin ti.  Tu le enseñaste que siempre dirias no.  Tú le enseñaste a planificar su futuro sin ti. Tu le enseñaste que no deseas estar en él, que preferirías estar solo, a estar con ella. Nunca quisiste ver el mundo a través de sus ojos.

No te sorprendas cuando ella no te extrañe cuando te hayas ido. Tú le enseñaste a no extrañarte. Tú la hiciste sentir como si nunca la hubieses extrañado. Ella nunca sintió que su ausencia haya hecho alguna diferencia contigo. Nunca sintió que ella agregaba ningún valor a tu vida. Tu nunca le mostraste que la extrañabas. Tu nunca le dijiste que la extrañabas.

No te sorprenda cuando ella te ignore. Tú la has estado ignorando por años. Siempre ha sido ella la que se ha comprometido. Siempre ha sido ella la que se ha ocupado de cambiar su agenda por ti.  Siempre ha sido ella la que se ha esforzado más hasta que se dio cuenta de que era una mala inversión. Una inversión que indefectiblemente siempre le da pérdida.

No te sorprenda cuando ella comience a alejarse. De a poco, ella va recordando quién era antes de conocerte. Ella esta comenzado a darse cuenta de que te está dejando. Ella está comenzando a recordar qué es lo que merece realmente. De a poco, ella está abriendo sus ojos y viendo como la estás dando por hecho.  De a poco, ella se está dando cuenta de que alguien más podría tratarla mucho mejor. Alguien mas, que no la haría sentir invisible.

No te sorprenda cuando ella deje de ser atenta o cariñosa. No te sorprendas cuando sus palabras tiernas o su pasión ardiente se vuelvan frías.  No te sorprendas cuando te mire y no sienta nada. Tú le enseñaste cómo dejar de amarte.

No te sorprendas cuando ella te deje porque tú nunca le diste una razón para quedarse.