Te mereces a alguien que te trate bien todo el tiempo.

Te mereces a alguien que te devuelva los mensajes inmediatamente.

Te mereces llamadas telefónicas reales de alguien que te llame sólo para ver cómo estás.

Por una vez, te mereces que alguien haga planes.

Alguien que está dispuesto a tratarte de la misma forma en que tú tratas a los demás.

Te mereces a alguien que conduzca cuatro horas sólo para verte una.

Te mereces a alguien que quiera conocer a todas las personas relevantes en tu vida.

Alguien que se preocupe por construir relaciones con tus amigos.

Te mereces a alguien con modales.

Que te abra la puerta.

Que te ayude a ponerte el abrigo.

Que te aparte la silla cuando vas a sentarte.

Que pague la cuenta.

Te mereces a alguien que te muestre que la caballerosidad no es algo pasado de moda.

Sino algo que él mismo está tratando de hacer que vuelva a ponerse de moda.

Alguien que sepa pararse del otro lado de la vereda.

Es algo minúsculo, pero significa mucho.

Mereces a alguien que te pase a recoger para una cita y que luego te conduzca de vuelta a casa.

Alguien que te bese en la primera cita y lo deje en eso.

Alguien que te mande un texto porque piensa que han tenido una gran noche y quiere que lo sepas.

Te mereces a alguien que cumpla su palabra.

Alguien puntual.

Alguien que te envíe flores sólo porque quiere que sepas que está pensando en ti.

Mereces a alguien que se preocupa.

A alguien que nunca deja de demostrarlo.

Mereces a alguien que recuerde los detalles que le cuentas.

Alguien que realmente te escuche.

Te mereces a alguien que trabaja para construir tu confianza sabiendo muy bien lo importante que eres.

Pero en esta generación, esperamos menos de la gente.

Nos quedamos complacidos con likes en Instagram y Facebook pensando que nos están mostrando afecto.

Nos emocionamos cuando nos envían un mensaje de texto en respuesta, incluso si esta respuesta demoró algunas horas.

Decimos cosas a través de mensajes de textos de un párrafo y construimos relaciones a través de un teléfono.

Pero cuando los vemos en persona no sabemos qué decir.

O alguien cancela.

Somos una generación obsesionada con conectarnos unos con otros, pero emocionalmente estamos muy desconectados.

Porque tal vez él esté saliendo contigo, pero lo cierto es que no ha eliminado aún su aplicación de citas.

Tal vez estén pasando juntos los fines de semana y puede que incluso la noche, pero no te llama su novia. 

Quizá sepas todo sobre sus amigos, pero ellos no te conocen.

Quizá te invite con una cerveza, pero no te lleva a cenar o a una cita de verdad.

No se trata sólo de que te reúnas con él en algún lugar tarde por la noche en función de su conveniencia, sino de que él sea capaz de tomarse un tiempo en el día para pasar contigo, sin miedo a admitir que le importas.

Te mereces más que alguien que juega contigo y pone las reglas en la relación.  Porque a cualquiera que te deje confundida o que te haga estar al pendiente de quién da el próximo paso, no le gustas lo suficiente.

No te amarres en una relación a alguien que tiene temor de incluso pronunciar la palabra relación.

No te sigas enamorando de alguien a quien tus amigos ya detestan por la forma en que te trata.

Él debería tratarte bien todo el tiempo.

Te mereces a alguien cuyos actos de bondad sean genuinos y no una manera de ganar algo más.

A alguien que aún te trate tan bien como lo hizo cuando estaba tratando de conquistarte; a alguien que no haya cambiado la forma de tratarte cuando finalmente logró tenerte.

No mereces a alguien en cuya palabra no puedas confiar.

Que dice una cosa y hace otra.

Mereces a alguien que esté tan feliz de tener a alguien como tú, que no pueda esperar para presentarle a sus amigos y familia.

Te mereces a alguien que no tema el futuro y que te quiera en el suyo.

No te conformes con el amor.

No olvides cómo mereces ser tratada.

Y si alguien te dice que tus expectativas son demasiado altas o irreales no te inquietes porque siempre habrá alguien que las llenará.