Skip to Content

Así Es Como Dos Personas Que Alguna Vez Se Amaron Se Convierten En Extraños

Adiós.

Ella nunca supo manejar esa palabra con demasiada gracia.

Creo que sabías que cuando te fueras ella sería la única herida en todo esto. Noches donde ella se quedaría mirando al techo extrañándote. Querer hablar contigo y perder el sueño pensando que fue su culpa.

Momentos en los que caería de rodillas en un grito desesperado porque todo este dolor de repente la golpeó a la vez. Y no ibas a estar allí para ayudarla a superar lo que causaste.

No es justo que la persona que más sufre es la que menos se lo merece.

Sigues adelante con tu vida mientras ella se está desmoronando al ver que lo haces sin ella.

Mientras le devolvías su corazón a pedazos sabias que lucharía por recomponerlo como a un rompecabezas y que nunca podrá terminarlo porque falta la última pieza que te regalo.

Lo que ella no sabía era que a ti también te dolía. Porque alguna vez si te importo, pero ya no, y te sientes culpable.

Ella no tuvo más remedio que seguir adelante con su vida …

La viste de nuevo pero esta vez no estaba sola. La viste riendo a lado de alguien que no conocías. El golpe fue más duro de lo que pensaste que sería.

Porque fue en ese momento cuando la chica que creías débil y necesitada demostró ya no serlo.

Ella siguió adelante y tú te quedaste observando cuidadosamente como otra persona la coge de la mano, la besa en la mejilla y se siente tan halagada por él que ni siquiera te ve.

Y ahí es cuando te golpea lo que perdiste. Un amor que tomaste por hecho. Una relación que dejaste de valorar. Te alejaste y le diste a otro la oportunidad de amarla de la misma manera que ella te amaba a ti.

Tal vez fuiste tú quien cometió el error. Porque a la que viste como alguien que parecía débil y se desmoronaba mientras te despedías, está ahorra de pie y se ve mejor que nunca. Solo que, a diferencia de ti, el tipo que está a su lado no tuvo que perderla para darse cuenta de lo que valía.

Te acercaste un paso y sonreíste levemente. Ella se volvió hacia él, le susurró algo al oído y se fue al bar. En tu cabeza, comenzaste a preguntarte si todavía bebe lo mismo y qué es exactamente lo que cambio en ella.

“¿Cómo estás?”, pregunto silenciosamente mientras te regalaba una mirada pacífica, no como la de cuando te fuiste por última vez. Te diste cuenta de que ya no está enojada ni herida.

Ya no te ama como solía hacerlo y eso es lo que más te duele.

Una charla pequeña te hace darte cuenta de que esta persona que esta delante de ti, aunque parece la misma, en realidad es una completa desconocida.

La estabas mirando mientras se alejaba y fue entonces cuando recibiste el duro golpe de lo que perdiste. A veces, solo después de perder a alguien y viéndolo seguir adelante, te das cuenta que se suponía que terminaría así.