Cuando eres la chica que siempre está ahí para los demás, sientes mucho. Tienes profundidades dentro de ti, un océano por un corazón, y sigues cayendo por la gente que está demasiado asustada para nadar. Das y das y das y das; rasgando pedazos de tu alma de papel en el más pequeño de los fragmentos sólo para poner a alguien más en llamas.

Estás herido. Dios mío, te duele. Te duele, te preguntas si alguien te dará alguna vez el amor que tan libremente das a los demás, te preguntas si llegará un momento en el que alguien te preguntará cómo te va, cómo te las estás arreglando, cómo te estás arreglando, cómo te estás curando.

Y cuando eso no sucede, te curas a ti mismo. Encuentras fuerza en otras cosas que no sean personas. Encuentras energía en tu soledad, encuentras esperanza en tus sueños. Te construyes a ti mismo, te dices a ti mismo que no necesitas a nadie para salvarte, que no necesitas a nadie para estabilizar tus cimientos.

Pero tú sí.

Mira, a veces la chica que siempre está ahí para todos los demás, necesita a alguien para ella. A veces, la chica que sonríe más grande es la que sufre más. A veces la niña, que es siempre la persona que enjuga las lágrimas de los demás, vuelve a casa y llora en los lagos hasta la medianoche. A veces la niña que anima a todos los que la rodean necesita que se le diga que es apreciada, que ella es importante; a veces necesita que se le anime ella misma.

Así que, si usted es la chica que siempre está ahí para los demás, sepa que su corazón es raro. Sepan que tienen dentro de ustedes la habilidad de calmar las tormentas en la gente, un hermoso regalo que ha aliviado los ojos adoloridos y herido las mentes. Sepan que ustedes le dan esperanza a la gente, que los inspiran reconociendo las piezas que más ignoran, que hacen que la gente se sienta querida, que hacen que la gente se sienta como si tuviera un propósito.

Sin embargo, también recuérdate a ti mismo que no eres invencible. Tu corazón necesita descansar. Necesitas descansar. Recuérdate que no necesitas llevar el peso del mundo sobre tus hombros, que tal vez no seas capaz de salvar a todos, que tal vez no seas capaz de sanar todas las heridas. Recuérdate que mereces tomar toda la energía que pones en el mundo y volver a invertirla en ti de vez en cuando. Que eres digno del amor que sigues dando a los demás.

Recuérdate, que no siempre tienes que ser fuerte, que no siempre tienes que ser el que arregla las cosas. Recuérdate que puedes ser humano, que puedes pedir ayuda; que no siempre tienes que ser el que se salve a ti mismo.