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Todo Lo Que Quería Era Que Lucharas Por Mí, Y Ni Siquiera Pudiste Hacerlo

Todo lo que te pedí fue que lucharas por mí. Que me digas la verdad cuando sientas que algo anda mal. Para que seas honesto con lo que sientes por mí y por ti.

Quería que trabajáramos. Y creo que sabes en tu corazón, que estoy diciendo la verdad.

Me encantaba lo que éramos entonces. Me encantaba cómo encajábamos en los brazos del otro. Cómo nos moldeamos el uno al otro, como por arte de magia. Y yo amaba a la tú que me amaba a mí.

A veces quiero volver a ser como antes. Para volver al principio. Para volver a agosto y tomarnos de las manos bajo la lluvia caliente. Para volver a las sonrisas tímidas y las miradas tímidas. Por los vestidos de sol y los besos de verano.

Quiero volver a las noches acogedoras, donde todo lo que hacíamos era escuchar la respiración del otro, cuando bastaba con estar con el otro. Por los días de nieve y las ventanas nebulosas. A cuando todo era nuevo, fresco y vertiginoso. Por las aceras heladas y tus ojos que parecían calentarme incluso cuando hacía 20 grados afuera.

Para volver a ser quienes éramos. Al principio.

Y luego quiero volver a cuando las cosas se pusieron difíciles. A cuando las cosas eran incómodas, raras e incómodas. Quiero volver a cuando ninguno de nosotros tenía respuestas. A cuando no teníamos palabras para describir cómo nos sentíamos. A cuando teníamos más pausas que conversaciones. A cuando tuvimos más silencios que contacto visual.

A cuando todo iba mal, y ni siquiera sabíamos por qué.

Quiero volver a lo que salió mal. Para volver a lo que estabas pensando cuando lo cancelaste. Quiero tener el valor de interrogarte, de hacerte retorcerte. Hacerte pensar en lo que realmente querías en lugar de tomar decisiones impulsivas.

A veces pienso – ¿no fui suficiente para él? ¿No era lo suficientemente guapa para alguien como él? ¿Era demasiado aburrida, perezosa o tonta? ¿Qué era lo que me pasaba?

Pero luego tengo que recordarme a mí mismo cómo resultó todo. Cómo explotó todo. No. No fui yo. Y no seré víctima de esos pensamientos que estallan en mi cabeza. No fui yo. No fui yo en absoluto. Fuiste tú.

Tú fuiste el que no peleó. Tú fuiste el que no me dijo lo que querías. Tú fuiste el que no me dio una oportunidad. Tú fuiste el que no lo intentó. Para tratar de mejorarlo. Para tratar de hacerla más agradable y suavizar todas las arrugas.

Te di todas las oportunidades. Te di cada segundo para que me dijeras lo que querías. Para decirme lo que necesitabas. Pero te quedaste con los labios sellados. Te quedaste con los ojos en el suelo.

Y entonces todo terminó. Y tú te habías ido.

Acabas de rendirte. Te rendiste cuando más te necesitaba. Te rendiste cuando más te amaba. Me abandonaste y nos abandonaste. ¿Y para qué? Nunca lo sabré.

Todo lo que quería era que lo intentaras. Para luchar. A trabajar.

Y ni siquiera pudiste hacer eso.