Crecer en una familia con un progenitor narcisista puede ser como vivir en una obra de teatro en la que todos tienen un guión menos tú.
A cada miembro de la familia se le asigna un papel -a veces sin ni siquiera darse cuenta- que sirve a las necesidades del narcisista y mantiene en funcionamiento el sistema familiar.
Comprender estos papeles puede ayudarte a dar sentido a tu infancia y a empezar a curarte de la confusión y el dolor.
1. El Niño de Oro
Imagina que te elogian por todo lo que haces, pero te sientes como un trofeo expuesto.
El Niño de Oro recibe una admiración constante y se le presenta como prueba de la paternidad superior del narcisista.
Este papel puede parecer atractivo, pero conlleva una gran presión.
Se espera que seas perfecto, que consigas logros constantemente y que nunca muestres debilidad.
El Niño de Oro a menudo lucha con su propia identidad porque su valía está ligada a la imagen del narcisista.
Pueden sentirse culpables por el trato preferente o desarrollar ansiedad por mantener su estatus.
Más adelante en la vida, pueden luchar contra el perfeccionismo y el miedo al fracaso.
2. El chivo expiatorio
Nada de lo que haces está bien cuando te convierten en el chivo expiatorio.
A esta persona se le culpa de todos los problemas de la familia, incluso de cosas que están completamente fuera de su control.
El narcisista necesita a alguien en quien proyectar sus propios defectos, y el chivo expiatorio desempeña ese papel.
Las discusiones familiares, los problemas económicos o incluso el mal humor del narcisista se convierten de algún modo en culpa tuya.
Este papel es increíblemente perjudicial y puede provocar baja autoestima y problemas de confianza.
Sin embargo, los chivos expiatorios suelen desarrollar una fuerte independencia y la capacidad de ver a través de la manipulación.
Muchos acaban liberándose y construyen vidas más sanas lejos del sistema familiar tóxico.
3. El Niño Perdido
Permanecer invisible se convierte en una estrategia de supervivencia para el Niño Perdido.
Aprenden pronto que llamar la atención significa arriesgarse a la ira o a las exigencias imprevisibles del narcisista.
Este niño se retira a su propio mundo: libros, imaginación o actividades solitarias.
Se convierten en expertos en pasar desapercibidos durante los conflictos familiares.
Aunque esto les protege de los abusos directos, también significa que sus necesidades quedan insatisfechas.
El Niño Perdido suele crecer sintiéndose desconectado de los demás y tiene dificultades para expresarse.
Pueden tener dificultades para entablar relaciones estrechas porque han aprendido que ser visto equivale a peligro.
La terapia puede ayudarles a encontrar de nuevo su voz.
4. La mascota
Cuando aumenta la tensión, la Mascota salta con una broma o un comportamiento tonto para aligerar el ambiente.
Su humor sirve como válvula de presión para la disfunción familiar.
Sin embargo, detrás de la risa, esta persona suele cargar con una profunda ansiedad.
Han aprendido que hacer reír a la gente les mantiene a salvo y les distrae de los problemas graves.
La Mascota rara vez llega a expresar emociones auténticas, como la tristeza o la ira.
De adultos, las Mascotas pueden tener dificultades para que las tomen en serio o para utilizar el humor para evitar sentimientos incómodos.
Pueden tener problemas para identificar sus propias necesidades emocionales porque pasaron mucho tiempo centrados en gestionar los estados de ánimo de los demás.
5. El Héroe
Todo sobresalientes, trofeos deportivos, puestos de liderazgo: el Héroe colecciona logros como una armadura contra el caos familiar.
Creen que si tienen éxito lo suficiente, podrán arreglar la reputación de la familia o ganarse el amor de verdad.
Este niño se obsesiona con la validación externa y con hacer que la familia parezca buena desde fuera.
Asumen responsabilidades muy superiores a su edad y se presionan sin descanso.
El Héroe a menudo se quema en la edad adulta, al darse cuenta de que ningún éxito colma su vacío emocional.
Pueden tener problemas de adicción al trabajo, dificultades para relajarse y sentirse valiosos sólo cuando son productivos.
Aprender a descansar sin sentir culpa se convierte en algo esencial para su viaje de curación.
6. El Niño Parentizado
Te roban la infancia cuando te conviertes en el Niño Parentizado.
Este papel implica cuidar de los hermanos, gestionar las tareas domésticas o incluso proporcionar apoyo emocional al propio progenitor narcisista.
El narcisista trata a este niño como a un compañero o terapeuta, más que como a un niño que necesita cuidados.
Los límites desaparecen y los problemas de los adultos se descargan sobre los hombros de los jóvenes.
Este niño aprende a ignorar por completo sus propias necesidades.
Crecer demasiado deprisa provoca resentimiento, agotamiento y dificultad para recibir atención de los demás.
Los niños parentizados suelen convertirse en cuidadores en sus relaciones adultas, repitiendo pautas poco saludables.
La recuperación implica aprender que su valía no está ligada a la utilidad.
7. El Facilitador
Normalmente la pareja del narcisista u otro miembro adulto de la familia, el Habilitador pone excusas y suaviza el mal comportamiento.
Pueden decir cosas como “Así son ellos” o “Sabes que no lo decían en serio”
Esta persona da prioridad a mantener la paz antes que a proteger a los niños de cualquier daño.
Su miedo a la reacción del narcisista o su propia codependencia les hace cómplices del maltrato.
Los niños suelen sentirse traicionados por el Habilitador, a veces incluso más que por el narcisista.
El Habilitador tenía poder para intervenir, pero decidió no hacerlo.
Comprender esta dinámica ayuda a los hijos adultos a procesar sentimientos complicados hacia ambos progenitores.
8. El Mono Volador
Tomado prestado de “El Mago de Oz”, este término describe a alguien que hace el trabajo sucio del narcisista.
El Mono Volador difunde rumores, espía a los miembros de la familia o hace cumplir las normas del narcisista.
Esta persona puede ser un hermano, una tía, un tío o un amigo de la familia que ha caído bajo el hechizo del narcisista.
Creen sinceramente que están ayudando o no se dan cuenta de que están siendo manipulados.
Los Monos Voladores extienden el control del narcisista más allá del contacto directo.
Dificultan que las víctimas establezcan límites, porque la información se filtra.
Reconocer a los Monos Voladores te ayuda a proteger tu intimidad y a saber a quién puedes confiar información sensible sobre tu curación.
9. El Contador de la Verdad
Algunos miembros de la familia se niegan a seguir el juego de la disfunción.
El que dice la verdad ve claramente al narcisista y puede denunciar el comportamiento manipulador o negarse a fingir que todo va bien.
Esta honestidad tiene un precio muy alto.
El narcisista suele castigar a quien dice la verdad aumentando el maltrato, excluyéndolo o poniendo a otros miembros de la familia en su contra.
Decir la realidad amenaza la falsa imagen cuidadosamente construida.
A pesar de las consecuencias, los Contadores de la Verdad mantienen su integridad y a menudo inspiran a otros a despertar.
Pueden ser tachados de alborotadores o dramáticos, pero su claridad protege su salud mental.
Con el tiempo, otros miembros de la familia pueden buscar su validación.
10. La oveja negra
Unos valores, intereses u opciones vitales diferentes convierten a la Oveja Negra en el extraño de la familia.
No encajan en el molde del narcisista y a menudo se niegan a ajustarse a unas expectativas poco realistas.
Este papel se solapa con el del Chivo Expiatorio, pero se centra más en ser fundamentalmente diferente que en ser culpado.
La Oveja Negra puede seguir una carrera poco convencional, tener opiniones políticas diferentes o simplemente cuestionar las tradiciones familiares.
Aunque doloroso, este papel a veces ofrece protección.
A menudo, la Oveja Negra abandona antes el sistema familiar y construye una identidad independiente de la influencia del narcisista.
La distancia les ayuda a curarse y a crear familias elegidas que les acepten de verdad.
11. El Pacificador
Caminar sobre cáscaras de huevo se convierte en una segunda naturaleza para el Pacificador.
Esta persona vigila constantemente el estado de ánimo del narcisista e interviene antes de que los conflictos se conviertan en ira.
Se disculpan cuando no han hecho nada malo, cambian los planes para adaptarse al narcisista y ruegan a los demás que no agiten el barco.
Su hipervigilancia se desarrolla por auténtico miedo a las reacciones del narcisista.
Los pacificadores sacrifican sus propias necesidades y opiniones para mantener una calma frágil.
En la edad adulta, suelen tener problemas para complacer a la gente, dificultad para establecer límites y ansiedad en las relaciones.
La recuperación implica aprender que no son responsables de gestionar las emociones de otras personas, especialmente las de un progenitor maltratador.

