Skip to Content

Lo que en realidad es dejar ir es porque no es tan simple como seguir adelante

Dejar ir es perder la esperanza de que un día lo harás bien o volverás a estar juntos.

Dejar ir es detenerse en el momento en que su mente comienza a vagar y a pensar, ‘¿qué pasaría si?

Es muy difícil olvidar el pasado y lo que es un falso futuro.

Dejar ir es borrar ese texto que tanto deseas enviar. Porque sabes que es mejor no hacerlo.
Es desmarcar esas fotos porque por mucho que no quieras seguir adelante, tienes que hacerlo.

Dejar ir es perdonar a alguien por hacerte daño.

Perdonar a alguien por no poder amarte.
Es comprensible que algunas cosas no están destinadas a ser y hay una triste paz en ello.

Dejar ir es algo que tienes que hacer todos los días.

Es una elección deliberada que tienes que hacer y que un paso de bebé hacia la curación.

Dejar ir es perdonarse a sí mismo por el dolor que ha causado en el tiempo que ha aguantado más de lo debido.
Es perdonarte por el tiempo que perdonaste sabiendo que, aun así, no te retractarías.

Dejar ir es la aceptación de que a veces la gente no está hecha para nuestro futuro, incluso si es algo que imaginábamos tan claro que un día sería una realidad.

Dejar ir es alejarse amando a alguien por todo lo que es y por todo lo que no puede ser.
Es despertarse y alcanzar su teléfono sabiendo que no verá su nombre allí.

Es la sonrisa a pesar de las lágrimas porque no cambiarías lo bueno por nada.

Se está cruzando con ellos y te está matando hacerlo porque la verdad es que todavía los amas pero aceptas dolorosamente que ya no eres parte de su historia. A pesar de que eran la parte favorita de la tuya.

Dejar ir es aferrarse a la fe de que lo que mereces está a la vuelta de la esquina, aunque no puedas imaginar a nadie más.

Dejar ir es un proceso.

No sucederá de la noche a la mañana.

Es ese dolor en el pecho que no desaparece sin más.

Y las lágrimas que lloras más de lo que te gustaría.

Porque dejar ir y seguir adelante no es lo más difícil del mundo, lo más difícil es seguir adelante.
La mayor parte del tiempo no queremos soltarlo, por miedo a que nos demos cuenta de que somos nosotros los que nos aferramos a él todo el tiempo.