Espera al hombre que te da la mano por la calle y la sostiene con orgullo. Espera al hombre que te agarra los costados después de bajarse de la acera demasiado pronto.

Espera al hombre que, en medio de la noche te alcanza a través de la montaña de mantas, atrayéndote hacia él.

Espera al hombre que por la mañana se desliza fuera de la cama lo más silenciosamente posible para ducharse, permitiéndote dormir unos minutos más.

Espera al hombre que casi siempre coloca su mano sobre tu muslo, en el coche, en el tren, en el sofá, debajo de la mesa del restaurante. ¡Un simple gesto que dice mucho!

Espera al hombre que hace que el silencio sea cómodo. Al que construye tu confianza y siempre se pone en tu lugar. Al que es apasionado y se toma su trabajo en serio, pero sin dejar que tú seas su mayor prioridad.

Espera al hombre que te hace reír, reír genuinamente. Una risa que dura mucho después de que el momento ha pasado, cuando la felicidad no puede ser contenida.

alma gemela

Espera al hombre que te presenta a sus amigos y familiares sin miedo.

Espera al hombre que nunca deja de probar cosas: pizzas con pepperoni, comer comidas caseras en la mesa de la cocina, planes improvisados para cenar, regalar flores sin motivo aparente, parar a tomar una copa de vino de camino a casa, aunque acabáis de salir del restaurante, fotos enmarcadas, notas escritas a mano.

Espera al hombre que continuamente se esforzará con tus amigos y familiares, sabiendo lo importantes que son para ti.

Espera conocer al hombre que siempre diga “sí” sin dudarlo. Al que se sienta frente a ti en la mesa y se ríe de sí mismo, al que te dice lo guapa que eres, y tú te lo crees.

Espera al hombre que siempre cumple su palabra.

Espera al hombre que nunca se cansa de besarte por la mañana, cuando tus ojos todavía están cerrados y por la noche antes de que inevitablemente se duerma y se dé la vuelta hacía su lado de la cama.

Espera al hombre que siempre está ahí, pase lo que pase y al que habla de vuestro futuro sin cuestionarlo.

Espera al hombre que te hace sonreír, porque después de cada mala cita y un solitario viaje en taxi a casa, después de cada mensaje de texto ignorado y cada angustia, sabías que esa paciencia y esperanza te llevarían directamente donde estás ahora.

Espéralo.