Alguien que te cubra con una manta cuando finalmente llegues a descansar al final de un largo día, que te susurre para que cierres los ojos mientras juega con tu cabello. Alguien que te bese en la frente una vez que crea que te has quedado dormida.

Pero también alguien que pueda usarte como almohada cuando recueste su cabeza en tu pecho, y se acurruque al lado tuyo. Alguien por quien te sientas tan atraída que encuentres adorable y no asqueroso que accidentalmente se babee encima tuyo.

Alguien que te recoja en el aeropuerto y haga del viaje de regreso una fiesta en vez de algo aburrido. Alguien que nunca dejaría pasar la oportunidad para darte la bienvenida en casa con los brazos abiertos y abrazarte, sabiendo que harías lo mismo por él.

Pero también alguien con quien podrías viajar a cualquier lugar. Alguien que quiere recorrer un museo contigo porque significa experimentar algo nuevo juntos. Alguien que te recordará ponerte protector solar porque realmente no quiere que te dañes la piel. 

Alguien con quien te emocionaría hacer un viaje por carretera, incluso si significa horas en un coche, por el simple hecho de que estarás con él. Alguien que te dejará pasar tu música y que, en vez de burlarse de tus gustos musicales, estará abierto a acompañarte cuando disfrutas de tus temas preferidos.

Pero también alguien que no estará contigo sólo para pasar el rato.  Alguien que tiene sus propias metas, intereses y personalidad, pero que quiere compartir todo esto contigo. Alguien que tomará la iniciativa para luchar por lo que le importa.  Alguien que nunca perderá el rumbo.

Alguien con quien podrías estar atrapada en una habitación y con quien nunca te quedarías sin temas para hablar. Alguien que podría decirte las cosas más triviales y dejarte riendo toda la semana, aunque mas no sea por haberse referido a lo molesto que es cuando una persona al lado tuyo está masticando ruidosamente.

Pero también alguien con quien puedes compartir tus momentos más personales. Las cosas que más duelen y de las que estás avergonzada; las cosas que no te gustan de ti. Alguien a quien puedes responder honestamente cuando te pregunta “¿Qué estás haciendo?”, sabiendo que no te juzgará por jugar videojuegos en ropa interior.

Alguien con quien podrías sentarte en absoluto silencio. Alguien a cuyo lado podrías perderte en un libro, pero todavía disfrutar del sonido de su respiración con tus sentidos perisféricos. Alguien a quien no sientes absolutamente ninguna necesidad de entretener constantemente porque sabe cómo encontrar la paz en la quietud.

Pero también alguien a quien quieras mirar cuando nadie está viendo. En el cine, en un concierto, o en una obra de teatro. Para así poder descubrir esas pequeñas cosas que captan su atención, que hacen que sus ojos se iluminen. Alguien cuya alegría es tan contagiosa que llegas a experimentarla de segunda mano.

Alguien que te tome de la mano de repente. Cruzando la calle, en el auto, bajo la mesa en la cena. Alguien que, a través del más inocente de los gestos haga a tu corazón latir aceleradamente porque su piel es eléctrica; simplemente porque ustedes dos se están tocando.

Pero también alguien que ralentiza las cosas con el mismo gesto, acompañado de un tierno apretón. Un apretón que dice, “estoy aquí, no tengas miedo, vas a estar bien.” Un toque que te ayuda a exhalar y respirar. Un gesto que te permite liberarte de todos tus miedos y ansiedades.

Alguien a quien llamarías si estuvieras en el hospital. Alguien que, si todo a tu alrededor estuviese mal, verlo te haría igual sentir siempre bien. Alguien a quien dejarías ser testigo de fiebres, sudores y episodios de nauseas violentas. Alguien ante quien no te sentirías mal por verte desaliñada o enferma porque incluso en ese estado, te sentirías mejor en su presencia.

Pero también alguien que te da tu espacio. Que admira lo independiente que eres. Alguien que sabe que eres capaz de cuidar de ti misma. Alguien que siempre está a tu lado, pero que te permite luchar tus propias batallas. Alguien que sabe que no lo necesitas.

Porque tampoco él te necesita a ti. Porque al igual que tú, está encantado de que ambos se quieran a pesar de todo. Porque cada uno reconoce lo increíble que se siente compartir una conexión. Porque el sexo sólo consiste en una serie de acciones físicas, pero tocarse el alma es magia.