Skip to Content

Carta A Un Hombre Que No Me Consideró Una Prioridad

“Querido”,

Soy yo con la misma historia una y otra vez. No se porque tengo tanta mala suerte con los hombres y siempre me cruzo con los que no valen la pena; entre esos tu. Eres sólo un número más, otro que no me consideró su prioridad. Todo era más importante que yo, hasta el odioso gato del vecino estaba por delante, mientras a mi siempre me dejaste en segundo lugar. Por mi parte siempre estuve allí a tu lado para apoyarte cuando más nadie lo hacía; cuando buscabas querías hacer el amor era yo la que estaba a tu lado y fui la única en la que podías tener confianza a toda prueba.

Viste cuanto te amaba y creíste que me tenías asegurada.

Nunca apreciaste mi amor aún cuando te amé como nunca había amado a nadie, con toda mi alma y corazón. Estaba de cabeza por ti, pero tu eras un hombre que sólo quería lo que había venido a buscar para luego desaparecer. No deseabas un compromiso ni tampoco que nuestra relación durara; de hecho nunca consideraste que tuviéramos una relación y no tienes idea de cuanto me hirió eso. Fue demoledor tal como lo sería para cualquier otra mujer; incluso cuando te hablé sobre lo que sentía al respecto, me dijiste que lo que teníamos era mágico y no querías arruinarlo encasillándolo dentro de un estereotipo, ¡Y me creí todas esas patrañas!

Encontraste una forma perversa de engañar a una mujer que de verdad te amaba. Fuiste capaz de descubrir el camino hacia mi corazón tan sólo para romperlo en mil pedazos. Jamás me preguntaste como me sentía ni cuales eran mis aspiraciones; siempre pensaste exclusivamente en ti mismo. Me torturaste por tantos años durante los que fui incapaz de dejarte ir; estaba convencida de que mi amor marcaría la diferencia y que podrías cambiar. Ahora me doy cuenta de lo tonta que era.

Fui una tonta porque permití que mi amor por ti me cegara y no me dejara darme cuenta de que lo que sentías por mí era indiferencia.

Carta a un Hombre que no me Consideró una PrioridadNi siquiera sabías lo que querías en la vida; de habérmelo dicho te habría escuchado. Si querías dejarme simplemente te hubiese dejado ir; pero no, para tí era mucho más conveniente mantenerme cerca y aprovecharte de mí y así lo hiciste porque te lo permití ciegamente.

Pasé tantas noches en vela tratando de descubrir lo que hice mal. Pensé que era la culpable de que nuestra relación no prosperara y que por tanto debía cambiar. Pero la dura verdad es que no tenía que modificar nada en lo absoluto porque era la mejor novia que jamás habías tenido. Eras tu quien tenía que decidir que quería de la vida, aunque no me lo dijeras. Pero fuiste un cobarde incluso para eso de manera que te dejaste llevar por la corriente ya que era la forma más fácil de afrontar la situación, y mientras tanto… Yo quería luchar por lo nuestro.

Pero es imposible luchar por alguien que no quiere formar parte de la ecuación.

Desafortunadamente aprendí eso por las malas.
Ahora que simplemente eres parte de una pasado doloroso he aprendido algunas lecciones importantes. Aprendí que nunca debo conformarme con menos de lo que merezco, que mi amor propio debe estar por encima de cualquier cosa y que nunca dejaré que un hombre juegue con mis sentimientos de la forma que tu lo hiciste. Pasó una vez, pero no volverá a ocurrir nunca más. Me dí cuenta de que valgo la pena y por tanto merezco un hombre que sea igual a mi.

Merezco alguien que me trate como la niña de sus ojos, un hombre que considere mi felicidad más importante que la suya; me hace falta un compañero cuyo amor se sienta como un cálido hogar, alguien que haga que mis sueños se conviertan en realidad.

Lástima que ese hombre ¡no serás TÚ!