Porque nada es nunca culpa suya… según ellos. Uno pensaría que si te pillan con recibos, capturas de pantalla y una cronología más precisa que un reportaje de «Dateline», ahí se acabaría la conversación. Pero no.
Para los narcisistas, es solo el principio de un baile verbal diseñado para dar vueltas al tema, desviar la atención, echar la culpa a otros y confundirte hasta hacerte dudar de la realidad: tu realidad. Aquí tienes 17 excusas clásicas que sacan los narcisistas cuando se ven acorralados, y por qué cada una tiene más que ver con el poder que con la verdad.
Si alguna vez te has encontrado cuestionando tu propia cordura después de llamar la atención a alguien, no estás solo. Esas piruetas mentales son reales, pero tu intuición también lo es. Prepárate para recibir un poco de apoyo (y quizá echarte unas risas) mientras desmontamos, una a una, las principales excusas de los narcisistas.
1. «Eres demasiado sensible».

Ay, el clásico aperitivo del «gaslighting». En cuanto le llamas la atención a un narcisista, te suelta esto como si fuera su carta de triunfo. En lugar de asumir su responsabilidad, de repente el foco se centra directamente en tus sentimientos, como si tu reacción fuera el verdadero delito.
Es como si mostrar emociones fuera un defecto de carácter. Puede que incluso te sorprendas preguntándote: «Un momento, ¿soy demasiado sensible?». Pero oye, hay una diferencia entre la sensibilidad y tener límites humanos básicos. A los narcisistas les encanta difuminar esa línea para su propio beneficio.
El objetivo es desestabilizarte. Si estás ocupado defendiendo tus sentimientos, no te estás centrando en lo que realmente han hecho. Así que la próxima vez que oigas esto, recuerda: tus emociones son válidas. Sentirte herido no es una debilidad, es una señal de que algo no va bien. No dejes que te convenzan de lo contrario.
2. «Te lo estás imaginando».

Digamos que no es que te pases el día inventándote historias por diversión. A los narcisistas les encanta esta excusa porque te hace dudar de tu propia realidad, incluso cuando las pruebas están a la vista de todos. ¿El objetivo? Confundirte tanto que empieces a disculparte por haberte dado cuenta de algo.
Cuando te dicen: «Te lo estás imaginando», lo que realmente quieren decir es: te has acordado, y eso les viene mal. No se trata de tu imaginación, sino de su necesidad desesperada de mantener el control.
Puede que vuelvas a leer mensajes antiguos o repases conversaciones en tu cabeza, buscando fisuras. Pero, chica, no te estás volviendo loca. Simplemente has descubierto su patrón. Confía en esos recuerdos: no son tan borrosos como alguien quisiera que creyeras.
3. «Solo estaba bromeando».

¿Te has fijado alguna vez en que las «bromas» de un narcisista siempre parecen caer como pequeñas granadas? Un momento estás cenando y, al siguiente —¡bum!—, sueltan algún comentario «gracioso» que te hiere mucho más de lo que debería. Y cuando se lo señalas, de repente te acusan de no saber aceptar una broma.
Esto no tiene nada que ver con el humor. Se trata de esconderse tras risas falsas mientras lanzan pequeños insultos. Los narcisistas recurren a esto para eludir su responsabilidad, con la esperanza de que te tragues el aguijón junto con el aperitivo.
Te mereces relaciones en las que el humor te haga sentir seguro, no se utilice como arma. Si la «broma» de alguien te hace sentir pequeño o herido, es que nunca tuvo la intención de hacerte reír. No dejes que nadie te convenza de que tu dolor es el remate de un chiste.
4. «Me has malinterpretado».

Aquí viene la rutina de gimnasia verbal. Los narcisistas pueden retorcer las palabras más que un pretzel en un partido, insistiendo en que sus intenciones eran puras mientras tú te quedas mareado y inseguro. Esta excusa solo busca que te cuestiones tu capacidad para entender el inglés sencillo.
Es desesperante, ¿verdad? De repente, la conversación se convierte en un club de debate, en el que tú te esfuerzas por aclarar las cosas mientras ellos se hacen pasar por víctimas de tu «malentendido».
La verdad es que oíste lo que oíste. Si quisieran que les entendieras, hablarían con claridad. No dejes que te manden a buscar significados ocultos que no existen. ¿Tu confusión? Eso es justo lo que quieren.
5. «Todos los demás están de acuerdo conmigo».

¡El club de fans imaginario ataca de nuevo! De repente, ya no estás discutiendo con una sola persona, sino que, supuestamente, te enfrentas a un ejército silencioso de «todo el mundo» que les respalda totalmente. Este truco tiene como objetivo hacerte sentir aislado y en minoría.
No importa en absoluto que no hayas oído ni pío de esos misteriosos seguidores. El objetivo es sembrar la duda, para que pienses: «Quizá sea yo el loco». Pero créeme, normalmente no es más que humo y espejos.
El apoyo de verdad no necesita una sociedad secreta. Si alguien intenta sacar a relucir un respaldo invisible en una discusión, es porque su propio argumento no se sostiene por sí solo. No necesitas a una multitud para saber que tienes razón.
6. «Solo intentas dejarme en mal lugar».

Esta siempre me hace gracia. ¡Como si estuvieras montando toda una producción de Broadway solo para arruinar su imagen! En cuanto le pides cuentas a un narcisista, de repente eres tú el villano, conspirando contra su reputación.
Pero seamos realistas: ellos lo hicieron. No estás «haciendo» que queden mal, simplemente te niegas a dejar que reescriban la historia. Odian los espejos, a menos que sean solo para admirarse.
Si alguien te acusa de ser mezquino por señalar su comportamiento, recuerda: la honestidad no es sabotaje. Es respeto por uno mismo. No dejes que nadie te haga sentir culpable por negarte a seguirles el juego en su fantasía.
7. «Nunca dejas pasar nada».

Aquí viene lo de avergonzarte por tu memoria. Al parecer, tu capacidad para recordar cosas ahora es un delito. ¿El mensaje de verdad? «¿Por qué no puedes simplemente olvidarte de esas cosas que esperaba que nunca sacaras a relucir?»
Los narcisistas odian que les recuerden sus errores del pasado. Quieren empezar de cero… cada día. ¿Sacaste a relucir patrones o problemas recurrentes? De repente, te tachan de rencoroso u obsesivo.
Pero hay una diferencia entre guardar rencor y reconocer las señales de alarma. No eres un Etch-a-Sketch humano, y tu memoria está ahí para protegerte. No te disculpes por ver patrones donde los hay.
8. «Estás exagerando».

De repente, el verdadero drama no es lo que hicieron, sino tu reacción totalmente desmesurada ante ello. Da igual que mintieran, te engañaran o se enfadaran de la nada. Al parecer, tu reacción es el único problema en la habitación.
Es la clásica maniobra de desviación. Al pintarte de histérico, consiguen restar importancia a su propio comportamiento y evitar las consecuencias. Al final, acabas defendiendo tu derecho a sentir lo que sea.
Te voy a soltar una verdad como un puñetazo: si te ha hecho daño, importa. Tus sentimientos no son una reacción exagerada, son una señal. Nunca dejes que nadie le reste importancia a tu dolor solo porque les resulte incómodo.
9. «Eso nunca pasó».

El Óscar al mejor actor en negación es para… Esta excusa es descarada, sobre todo cuando tienes la prueba en la mano, literalmente. Los narcisistas son expertos en reescribir la historia, como si decir que no pasó fuera a borrar mágicamente tu memoria.
Incluso ante las pruebas, se empeñarán aún más. No se trata solo de eludir la culpa, sino de hacerte dudar del suelo que pisas. Es una jugada de poder, así de sencillo.
Si alguien insiste en su propia realidad alternativa, no estás obligado a seguirle hasta allí. Mantente firme en lo que sabes. Las ilusiones no son contagiosas… a menos que tú lo permitas.
10. «Solo hice eso porque tú…»

Cambio de culpa: activado. Los narcisistas son expertos en señalar con el dedo a nivel olímpico, siempre listos para echarte la culpa de sus propios líos. En cuanto los pillan, sacan la lista interminable de cosas que supuestamente hiciste para «obligarles» a actuar así.
Es un tira y afloja mental. De repente, eres tú quien tiene que dar explicaciones, en lugar de ellos. Esta estrategia no tiene nada que ver con la lógica: se trata de eludir la responsabilidad a toda costa.
Tú no has «obligado» a nadie a mentir, engañar o arremeter contra alguien. Eso es culpa suya. No dejes que nadie utilice tu humanidad como excusa para sus propias malas decisiones.
11. «Pensaba que ya habíamos superado eso».

¿Alguna vez te han dicho esto después de sacar a relucir algo que todavía te molesta? A los narcisistas les encanta actuar como si el tiempo por sí solo fuera a curar todas las heridas, y como si tú fueras un aguafiestas por no seguirles el juego.
No se trata tanto de cerrar el tema como de eludir la responsabilidad real. Quieren que todo se esconda bajo la alfombra y que nunca más se vuelva a hablar de ello.
Pero la curación no es una carrera, y tú decides cuándo estás listo para seguir adelante. Si alguien te está metiendo prisa, es que no está interesado en arreglar las cosas: solo quiere que el tema desaparezca.
12. «Ya sabes cómo soy».

Y aquí viene el discurso de siempre: «Ya sabes cómo me pongo cuando estoy cansado/enfadado/estresado». A los narcisistas les encanta tratar sus cambios de humor como si fueran desastres naturales: inevitables y fuera del control de cualquiera. Es una excusa de serie para no cambiar nunca.
¿El mensaje de verdad? Deja de esperar algo mejor, porque esto es lo mejor que vas a conseguir. Te ves obligado a andar de puntillas entre sus nubes de tormenta, agotado incluso antes de que empiece la conversación.
Te mereces relaciones en las que crecer sea lo normal, no el chiste final. No dejes que nadie utilice sus peculiaridades de personalidad como pase libre para comportarse mal.
13. «Es que estaba estresado».

El estrés es real, pero no es un permiso para faltarte al respeto. A los narcisistas les encanta sacar la excusa del «estrés» cada vez que les pillan comportándose mal. De alguna manera, la presión de la vida siempre justifica sus arrebatos o sus acciones turbias.
Puede que tú también empieces a poner excusas, pensando: «Quizá solo esté desbordado». Pero después de que se repita tres o cuatro veces, ya no se trata de estrés. Es un patrón.
Todo el mundo se agota a veces. Pero no todo el mundo hace daño a los que le rodean. No dejes que alguien utilice el caos de la vida como excusa para tratarte como un saco de boxeo emocional.
14. «No significaba nada».

Esta excusa es un clásico para restarle importancia al daño. A los narcisistas les encanta fingir que sus decisiones —mentir, engañar, traicionar la confianza— fueron simples tropiezos sin ningún peso emocional. Pero que algo no signifique nada no borra el dolor.
Es una estrategia para convencerte de que tu propio desamor no es real. Si lo que pasó no significó nada, ¿por qué estás tan afectado? Es una forma de restarle importancia, y su objetivo es hacerte cuestionar tu derecho a sentirte herido.
No dejes nunca que nadie te diga que tu dolor es imaginario. Las acciones tienen significado, por mucho que alguien intente restárseles importancia con indiferencia.
15. «Tú también haces cosas».

De repente, el foco deja de estar en ellos y se vuelve directamente hacia ti. Esta maniobra es una distracción a nivel de experto. A los narcisistas les encanta sacar a relucir tus supuestos errores, con la esperanza de que pases tanto tiempo defendiéndote que te olvides de lo que empezó todo esto.
¿Lo mejor de todo? Sus «ejemplos» casi siempre son exagerados o tergiversados. Acabas discutiendo sobre cosas que pasaron hace meses, mientras que el problema real queda enterrado bajo todo ese ruido.
Tienes derecho a señalar un mal comportamiento sin tener que ser perfecto tú mismo. No dejes que alguien eluda su responsabilidad solo porque nadie es perfecto.
16. «Le estás dando más importancia de la que tiene».

Aquí no hay nada que ver, sigue tu camino. A los narcisistas les encanta restar importancia a las consecuencias de sus actos. Esperan que empieces a cuestionar tu reacción y a dudar de si tu dolor realmente importa.
Pero restarle importancia no es lo mismo que reparar el daño. Si algo te ha herido, es importante, y punto. Tu dolor no se mide según su escala.
Confía en ti mismo. Si te parece importante, es importante. No dejes que otra persona decida qué es lo que cuenta en tu propia vida.
17. «Vale. Supongo que ahora soy yo el malo».

Que suene el violín más pequeño del mundo. Cuando todo lo demás falla, los narcisistas recurren a un numerito para dar lástima: de repente, ellos son el villano incomprendido y tú eres el gran malvado por señalar la verdad.
Esta rutina está pensada para activarte el sentimiento de culpa. Quizá si se muestran lo suficientemente heridos, acabes consolándolos en lugar de exigirles que asuman su responsabilidad.
El martirio no es asumir la responsabilidad. Si a alguien le molesta más ser «el malo» que arreglar las cosas, esa es tu señal para dar un paso atrás y dejar que caiga el telón. No te presentes al casting para un papel en su drama.

