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11 formas sutiles en que las mujeres afirman su dominio en las relaciones

11 formas sutiles en que las mujeres afirman su dominio en las relaciones

Las relaciones están llenas de toma y daca, pero a veces los cambios de poder se producen de formas que no siempre son obvias. Las mujeres, como cualquier otra persona, pueden utilizar tácticas sutiles para influir en el funcionamiento de una relación.

Comprender estos comportamientos puede ayudar a las parejas a construir conexiones más sanas basadas en la honestidad y el respeto.

1. Controlar el tono emocional

¿Te has fijado alguna vez en cómo algunas personas parecen controlar cuándo se habla de sentimientos?

Las mujeres a veces deciden exactamente cuándo se producen conversaciones serias, cuándo se solucionan las peleas o cuándo se comparte la calidez.

Reteniendo el afecto o eligiendo el momento perfecto para sacar a relucir los problemas, moldean el ritmo emocional de la relación.

Esto crea un ambiente en el que una persona establece el estado de ánimo mientras la otra reacciona.

La pareja puede sentir que siempre está esperando el momento adecuado o el permiso para expresarse.

Reconocer esta pauta ayuda a ambas personas a comunicarse de forma más abierta y equitativa.

2. Establecer la agenda social

Planificar viajes de fin de semana, elegir restaurantes o escoger qué película ver puede parecer sencillo.

Pero cuando una persona toma sistemáticamente estas decisiones sin preguntar, se crea un patrón.

Las mujeres que marcan la agenda social suelen decidir lo que la pareja hace junta, adónde van y con quién pasan el tiempo.

Sus preferencias se convierten en la norma, y su pareja les sigue la corriente.

Con el tiempo, esto puede hacer que la otra persona sienta que sus opiniones no importan tanto.

Las relaciones sanas necesitan ambas voces en el proceso de planificación, no sólo una que lleve la voz cantante.

3. Utilizar el silencio o el retraimiento

El silencio puede decir más que las palabras, sobre todo si se utiliza como herramienta.

Retirarse emocionalmente o callarse por completo envía un poderoso mensaje sin decir absolutamente nada.

Las mujeres pueden utilizar esta táctica para dirigir el comportamiento de su pareja o hacer que se esfuerce por arreglar lo que haya salido mal.

La pareja suele sentirse ansiosa y se esfuerza más por arreglar las cosas, aunque no esté segura de lo que ha hecho.

Esto crea un desequilibrio en el que una persona tiene el poder emocional por ausencia.

La comunicación abierta gana siempre al tratamiento silencioso para fomentar la confianza y la comprensión.

4. Enmarcar las decisiones como si fueran por tu propio bien

A veces las decisiones se envuelven en preocupaciones, lo que hace que sean difíciles de cuestionar.

Las mujeres pueden presentar sus preferencias como lo mejor para ambas personas, incluso cuando les beneficia principalmente a ellas.

Frases como “esto es mejor para nosotros” o “ya me lo agradecerás” hacen que discrepar parezca egoísta o desagradecido.

La pareja acaba siguiendo la corriente porque negarse parece mezquino o poco razonable.

Este enfoque disfraza el control de cuidado, lo que dificulta reconocer lo que realmente está ocurriendo.

Una verdadera relación de pareja significa ser sincero sobre qué necesidades se satisfacen, no ocultar los deseos personales tras una falsa preocupación por el otro.

5. Tomar la iniciativa en la comunicación

¿Quién tiene la última palabra en tus conversaciones?

Actuar como principal responsable de las decisiones durante las conversaciones da a una persona más influencia sobre los resultados.

Las mujeres que asumen este liderazgo suelen redirigir las conversaciones a su manera, interrumpen más o simplemente hablan hasta que gana su punto de vista.

Puede que su compañero empiece las frases, pero rara vez las termina sin ser dirigido hacia otro lado.

Este patrón de comunicación hace que una voz sea más alta e importante que la otra.

Las relaciones igualitarias requieren que ambas personas escuchen y hablen, no que una sola domine todas las discusiones hasta salirse con la suya.

6. Controles sutiles de los celos

La preocupación y el control pueden parecer sorprendentemente similares desde fuera.

Comentar con quién habla tu pareja, a quién sigue en las redes sociales o con quién pasa el tiempo puede parecer cariñoso al principio.

A veces, las mujeres expresan estos controles como preocupación y no como celos, lo que dificulta su denuncia.

Preguntas como “¿quién es?” o “¿por qué necesitas hablar con ellos?” crean dudas y hacen que la pareja se cuestione amistades inocentes.

Esto limita poco a poco su mundo social sin exigencias directas.

Confiar significa permitir la libertad, no vigilar cada interacción bajo el disfraz de cuidar.

7. Establecer normas tácitas

Imagínate que te metes en problemas por incumplir unas normas que nadie te dijo que existían.

A veces, las mujeres esperan que sus parejas conozcan y sigan ciertas normas sin discutirlas nunca claramente.

Estas normas tácitas pueden referirse a las tareas domésticas, el comportamiento social o la forma de expresar el afecto.

Cuando inevitablemente la pareja incumple estas pautas invisibles, se enfrenta a la decepción o la crítica.

Esto crea una confusión constante y la sensación de andar con pies de plomo.

Nadie puede leer la mente, por lo que esperar que alguien siga unas expectativas no expresadas le aboca al fracaso.

La comunicación clara sobre las necesidades y los límites funciona mucho mejor que las reglas secretas.

8. Jugar a ser el más maduro

Posicionarte como más sabio sitúa automáticamente a la otra persona por debajo.

Las mujeres que se hacen pasar por “la más madura” ganan influencia actuando como la adulta responsable de la relación.

Pueden poner los ojos en blanco ante las elecciones de su pareja, tomar decisiones “por los dos” o tratar las opiniones de su pareja como menos informadas.

Esto crea una dinámica padre-hijo, en lugar de una relación igualitaria.

La pareja empieza a dudar de su propio juicio y confía más en la orientación de la persona “madura”.

La verdadera madurez significa respetar la inteligencia y las capacidades de tu pareja, no posicionarte como superior para obtener el control.

9. Gestionar la imagen de la pareja

La forma de vestir y actuar de una persona se refleja en ella personalmente, no en su pareja.

Sin embargo, a veces las mujeres influyen en la forma en que su pareja se presenta públicamente, desde la elección de la ropa hasta el comportamiento social.

Pueden sugerir atuendos, comentar peinados o corregir la forma de hablar de su pareja en las reuniones.

Estas sugerencias suelen parecer más útiles que controladoras.

Con el tiempo, la pareja pierde confianza en su propio estilo y criterio.

Empieza a informarse antes de tomar decisiones sobre su propio aspecto o comportamiento.

Todo el mundo merece autonomía sobre su presentación personal, sin necesitar la aprobación de su pareja.

10. Llevar la cuenta emocionalmente

¿Cada error se archiva para un uso posterior?

Llevar la cuenta emocionalmente significa recordar quién hizo qué, quién debe a quién o quién metió la pata el último.

Las mujeres que utilizan esta táctica sacan a relucir problemas pasados durante los desacuerdos actuales para mantener su influencia.

Su pareja nunca puede dejar atrás del todo los errores, porque se reciclan una y otra vez.

Esto crea un desequilibrio permanente en el que una persona siempre tiene munición preparada.

Las relaciones sanas implican perdonar y avanzar, no mantener hojas de cálculo mentales de errores.

Dejar de lado el marcador permite que ambas personas crezcan sin recordatorios constantes de sus fracasos.

11. Utilizar los elogios de forma estratégica

Los elogios sientan de maravilla, pero también pueden moldear el comportamiento.

Dar afecto, aprobación o elogios guía selectivamente a la pareja hacia las acciones preferidas.

Las mujeres pueden desbordar atención cuando su pareja hace exactamente lo que ellas quieren, pero retener la calidez en caso contrario.

Esto funciona como el adiestramiento, en el que el refuerzo positivo fomenta determinados comportamientos.

La pareja empieza a hacer cosas principalmente para ganarse la aprobación y no porque realmente quiera hacerlo.

Pierden el contacto con sus propias preferencias mientras persiguen la validación.

Las relaciones auténticas celebran a las personas por lo que son, no sólo cuando actúan correctamente o cumplen unas expectativas concretas.