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10 sorprendentes razones por las que los maridos infieles no abandonan a sus mujeres

10 sorprendentes razones por las que los maridos infieles no abandonan a sus mujeres

Cuando un marido engaña, mucha gente da por hecho que el matrimonio se ha acabado. Pero, sorprendentemente, la mayoría de las aventuras no acaban en divorcio. Comprender por qué los maridos infieles siguen casados puede ayudarte a dar sentido a situaciones confusas y emociones complicadas. Tanto si intentas curarte de una traición como si simplemente sientes curiosidad por el comportamiento humano, estas razones revelan la compleja psicología que subyace a la infidelidad.

1. Siguen queriendo a sus esposas, a su manera

El amor no siempre es blanco o negro. Un marido infiel puede querer de verdad a su mujer aunque le sea infiel. Separa sus sentimientos en cajas diferentes: una para su esposa y otra para la aventura.

Este truco mental le permite justificar sus actos sin enfrentarse a todo el peso de lo que está haciendo. La aventura llena un vacío que él siente que existe, ya sea excitación, atención o algo totalmente distinto.

Pero eso no significa que el amor por su mujer desaparezca. Puede que siga valorando su compañía, admirando sus cualidades y queriendo envejecer juntos. El engaño se convierte en un capítulo aparte que mantiene oculto, creyendo que puede mantener ambas relaciones sin destruir su matrimonio.

2. Temen más las consecuencias que la culpa

El divorcio no es sólo doloroso emocionalmente: es un trastorno total de la vida. Los hombres infieles suelen calcular el coste de la ruptura: dividir los bienes, pagar la pensión alimenticia, enfrentarse al juicio de amigos y familiares.

Sólo la vergüenza pública puede resultar insoportable. Imagínate explicar a tus padres, a tus colegas o a tus vecinos por qué se acabó tu matrimonio. Para muchos, ese miedo supera cualquier sentimiento de culpa por la aventura.

Vivir con un secreto parece manejable comparado con el caos del tribunal de divorcio.

3. Quieren lo mejor de los dos mundos

El matrimonio ofrece estabilidad, respetabilidad y comodidad. Una aventura proporciona emoción, novedad y una inyección de ego. Algunos hombres no están dispuestos a renunciar a ninguna de las dos partes de esta ecuación.

Tener ambas cosas les permite disfrutar de los beneficios sociales de ser un hombre de familia, al tiempo que satisfacen su deseo de aventura o validación. Se trata menos de amar a dos personas y más de alimentar sus propias necesidades.

Este acuerdo funciona perfectamente, hasta que deja de hacerlo. Mantienen su imagen pública de maridos devotos mientras viven en secreto una doble vida. La emoción de salirse con la suya puede volverse adictiva y hacerles aún menos proclives a elegir una relación en vez de otra.

4. No quieren ser “el malo”

Dejar a su mujer le obligaría a admitir que ha destruido el matrimonio. Quedarse le permite evitar esa dura etiqueta y mantener cierta dignidad ante sus propios ojos.

Permaneciendo en la relación, puede fingir que sigue comprometido y es honorable. Si su mujer nunca descubre la aventura, puede mantener intacta su imagen de sí mismo. Nadie tiene por qué saber que fue infiel.

Poner fin a las cosas significaría asumir públicamente sus errores y aceptar la responsabilidad por el dolor causado. Es una pesada carga que muchos hombres se niegan a llevar.

5. Dependen emocionalmente de sus mujeres

Las aventuras pueden parecer conexiones emocionales, pero a menudo no son más que huidas. Muchos maridos infieles siguen dependiendo en gran medida de sus esposas para obtener un verdadero apoyo emocional y estabilidad.

Su esposa conoce su historia, sus miedos y sus debilidades. Ella le proporciona el consuelo y la base que no puede conseguir en ningún otro sitio. La otra mujer puede ofrecer excitación, pero no sustituye esa base profunda.

Irónicamente, podría ser infiel precisamente porque se siente tan seguro en casa. Sabe que su mujer estará allí pase lo que pase, así que da por sentada esa estabilidad. La aventura es una diversión temporal; su matrimonio es su ancla emocional.

6. Creen que pueden arreglarlo sin volver a empezar

Algunos hombres ven su aventura como un error que pueden corregir, en vez de como una ruptura de la relación. Se convencen de que quedarse y mejorar es mejor que irse y empezar de cero.

La aventura se convierte en una llamada de atención en sus mentes. Se dicen a sí mismos que serán más atentos, más cariñosos y estarán más presentes en el futuro. Independientemente de que su mujer se entere o no del engaño, creen que pueden redimirse.

Esta mentalidad les permite evitar el dolor de poner fin a las cosas, al tiempo que sienten que están actuando positivamente. Irse significaría admitir el fracaso; quedarse es como dar otra oportunidad al matrimonio.

7. Temen perder el contacto con sus hijos

Para los padres, la idea de una custodia limitada o de ser padres sólo los fines de semana puede ser devastadora. Muchos hombres permanecen en matrimonios infelices para mantener el contacto diario con sus hijos.

El divorcio suele significar ver menos a los hijos, perderse los cuentos antes de dormir y convertirse en un visitante en sus vidas. Ese miedo puede anular cualquier deseo de irse, aunque el matrimonio parezca muerto.

Les preocupa cómo afectará emocionalmente la ruptura a sus hijos y si les culparán por romper la familia. Permanecer casados -aunque sean infieles- es como proteger a sus hijos de un trauma, aunque la situación diste mucho de ser saludable.

8. Se sienten atrapados por la culpa y la obligación

La culpa no siempre conduce a la confesión o al cambio. A veces crea un sentimiento de obligación que mantiene a los hombres atrapados en sus matrimonios incluso después de traicionar a sus esposas.

Él siente que le debe a ella quedarse, sobre todo si ella no sabe nada de la aventura. Irse añadiría un insulto a la herida, haciéndole sentir aún peor por lo que ha hecho.

Este sentimiento de culpa puede hacerle compensar en exceso: ser más servicial, comprar regalos o mostrarse más afectuoso. Se queda no porque quiera, sino porque se siente moralmente obligado después de haber roto tanto su confianza.

9. Están atados económicamente al matrimonio

El dinero importa más de lo que a la gente le gusta admitir. El divorcio puede reducir a la mitad el patrimonio de un hombre, exigir pagos continuos de pensión alimenticia y complicar la propiedad de negocios o las cuentas de jubilación.

Para algunos, el golpe financiero simplemente no merece la pena. Prefieren mantener el statu quo a enfrentarse a años de tensión financiera. Seguir casados se convierte en una decisión práctica, no emocional.

10. No creen que irse les haga más felices

Las aventuras suelen resultar excitantes al principio, pero esa intensidad rara vez dura. Una vez que se desvanece la emoción, muchos maridos infieles se dan cuenta de que la otra relación no resolverá sus problemas más profundos.

Empiezan a preguntarse si dejarlo mejoraría realmente sus vidas o sólo crearía otros problemas. La hierba no siempre es más verde, y lo saben. Su infelicidad podría seguirles en cualquier nueva relación.

El miedo a arrepentirse se vuelve poderoso. ¿Y si se van y se dan cuenta de que cometieron un gran error? Permanecer en el matrimonio parece menos arriesgado que apostar por un futuro incierto.